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// El Problema de los Sistemas de Creencias //

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En este texto quiero abordar un tema que me parece crucial en nuestra época actual: cómo los sistemas de creencias antiguos afectan nuestra capacidad para entender y actuar en el presente. Vivimos en el año 2024, en un futuro donde la tecnología y la ciencia han avanzado de manera impresionante, pero curiosamente, seguimos arrastrando creencias y prácticas ancestrales que nos impiden ver la realidad con claridad.

Es interesante observar cómo, a pesar de todo nuestro conocimiento y desarrollo, algunas personas siguen rezando a los dioses para que llueva, como si estuviéramos en tiempos antiguos. En esas épocas, la humanidad asignaba la causa de los fenómenos naturales a deidades debido a la falta de comprensión científica. Estos dioses eran una forma de explicar lo inexplicable, de darle sentido a lo complejo y maravilloso que les rodeaba. Sin embargo, hoy sabemos que estos fenómenos tienen explicaciones científicas que no requieren de intervenciones divinas.

Las creencias de los antiguos mayas, por ejemplo, aunque no basadas en la ciencia moderna, mostraban un profundo respeto y conexión con la naturaleza. En contraste, las creencias cristianas, que se han arraigado profundamente en México y Latinoamérica, parecen aún más alejadas de la realidad científica. Estas creencias, a menudo carentes de fundamentos científicos, siguen siendo predominantes y, en muchos casos, obstruyen el avance hacia una comprensión más racional y científica del mundo.

El problema con estas creencias no es solo su falsedad, sino el hecho de que promueven la inacción en momentos críticos. Rezar para que llueva, en lugar de tomar medidas concretas para enfrentar el cambio climático, es un ejemplo claro de cómo estas creencias pueden ser perjudiciales. La realidad es que el mundo está enfrentando crisis ambientales debido a nuestras acciones durante los últimos 100 años, y es nuestra responsabilidad actuar para mitigar estos daños.

En lugar de confiar en intervenciones divinas, debemos tomar acciones concretas: reducir el uso del automóvil, disminuir el consumo excesivo, limpiar nuestras calles y participar activamente en la mejora de nuestro entorno. Es vital que todos entiendan que nuestras acciones tienen un impacto significativo en el mundo y en la vida de otras personas. Abandonar la idea de que los dioses solucionarán nuestros problemas es crucial para avanzar hacia un futuro sostenible.

Uno de los factores más destructivos de nuestra era es el consumo excesivo. La idea de que necesitamos tener más y más cosas, de que el éxito y la felicidad están ligados a la posesión de bienes materiales, es una de las principales causas de la degradación ambiental. La producción masiva y el consumo desenfrenado generan una cantidad inmensa de desechos y contaminación, agotando recursos naturales y contribuyendo al cambio climático.

Para lograr un cambio significativo, es fundamental que revaluemos nuestras prioridades. En lugar de medir el éxito por la cantidad de cosas que poseemos, debemos enfocarnos en el bienestar colectivo y la sostenibilidad. Adoptar un estilo de vida más consciente y menos centrado en el consumo no solo beneficiará al planeta, sino también a nuestra salud y felicidad a largo plazo.

Entiendo que la religión juega un papel importante en la vida de muchas personas, ofreciendo consuelo y un sentido de comunidad. Sin embargo, es crucial reconocer cuando las creencias religiosas obstaculizan el progreso y la acción necesaria para enfrentar los desafíos contemporáneos. No se trata de atacar la fe de las personas, sino de fomentar una comprensión basada en la ciencia y en la responsabilidad compartida.

A los cristianos, les digo que su fe puede coexistir con una acción consciente y responsable. La Biblia habla de cuidar la creación de Dios, y esto puede interpretarse como un llamado a proteger el medio ambiente. A aquellos que siguen creyendo en los dioses antiguos, les sugiero que vean sus rituales como una forma de conectarse con sus raíces culturales, pero que también adopten medidas basadas en el conocimiento científico moderno para enfrentar los problemas actuales.

Vivimos en una era que requiere cambios reales y tangibles en todos los aspectos de nuestra vida diaria. La persistencia en sistemas de creencias obsoletos solo nos aleja de la posibilidad de un futuro mejor. Debemos comprender que el verdadero cambio viene de nuestras acciones, no de nuestras oraciones. Es el momento de actuar con responsabilidad y consciencia para construir un mundo más sostenible y justo para todos.


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